Antonio de Solís, Morceaux choisis de la Conquête du Mexique (1895)
“ Uno de estos se acercó al parage donde se hallaba Hernán Cortés, que parecia hombre de cuenta en los adornos de su desnudez, y eran sus armas espada y rodela, de las que perdieron los españoles sacrificados. Insistía con grande arrogancia en su desafío : y cansado Hernan Cortés de sufrir sus voces y sus ademanes, le hizo decir por su intérprete : « Que trujese otros diez como él, y permitiria que pasase á batallar con todos juntos aquel español : » señalando á su pacrade rodela. Conoció el in dio su desprecio ”
